6 de julio de 2006

"PODEMOS"


“Se puede, se puede”, decía Angeloz en su campaña presidencial allá por 1989 cuando intentaba hacerle frente al huracán “Mendez”. Él creía que quizás ganaba, y una tiene esa misma ingenuidad cuando confía en el hombre “Podemos”.

Lo conociste y es bárbaro, te re gustó, compartiste unas pocas salidas y él se encargó de endulzarte los oídos con todos esos planes que podrían hacer juntos en el futuro. Lo peor del caso es que le creíste, y ahora estás que rebotás por las paredes porque no cumplió ninguna de sus falsas promesas.

¿Por qué se cae como una quinceañera dentro del juego del hombre “podemos”? Quizás porque para una es tan especial que considera que el sentimiento es recíproco, pero la dura realidad es que él hace lo mismo con todas y le importa 3 rábanos si hiere tus sentimientos con sus patrañas.


Te dice que podrían ir al teatro, y vos ya estás pensando qué ponerte; te dice que la próxima te invita al cine, y vos te clavás con la cartelera del diario al lado del teléfono que nunca sonará; te dice que podrían pasar un día en la costanera de zona norte, y te explica detalladamente por qué ese día sería tan especial para los dos. Durante esos momentos te sentís en un éxtasis auditivo, que a medida que vas descubriendo que es un vil mentiroso se convierte en un estallido de ira.

Pero seguís creyéndole, porque él te sigue gustando y engañando con sus "podemos", es tan persuasivo con sus palabras, te dice cosas tan lindas… PERO NO CUMPLE NADA!. Entonces sí, “se puede, se puede”, sí, muchachas, se puede mandarlo en un cohete a la luna, y que se quede ahí por siempre, y que le mienta al espíritu de Neil Armstrong, que le diga que se puede estar en la luna sin el equipo de astronauta, y que se saque el casco así se muere de asfixia y nos hace un favor a todas.

Ese tipo es una sucia lacra, podría llamarte, podría cumplir sus palabras, podría dejar de mentirte, pero la realidad es que no le interesa, entonces puede engañarte porque su conciencia seguirá inerte ante tus reacciones.

Así que, “se puede, se puede”, se puede juntar fuerzas y mandarlo al tacho, a volar "fly away, far away", al baúl del olvido, borrarlo del mapa, se puede erradicarlo de la faz de la tierra; porque al fin y al cabo, al igual que Angeloz, ese tipo es un embustero.

23 de junio de 2006

X-MEN

Tomando en cuenta los boom cinematográficos del momento, haré eco, cual diario o revista que utiliza estos temas hasta el hartazgo, y me apropiaré del título de este pasado estreno para emplearlo en el post de hoy.

En las relaciones, tanto hombres como mujeres, tienen esas "simpáticas" fobias hacia los aparentes defectos del otro, que en ocasiones son fulminantes cuando se trata de perpetuar la relación. Intentaré reunir las más sobresalientes para reírnos un rato de esas cosillas que a veces hacen que pensemos que el otro definitivamente es un mutante.

Cuenta la leyenda que una adolescente que recién empezaba a darse unos besos con un muchacho, un día le ofreció su femenina cadenita con dije de corazón al hombre en cuestión. El joven muy agradecido la tomó y en muestra de su reciente eterno amor decidió colocársela, pero OH NO!, era demasiado corta y no podía siquiera lograr que le cubriera las ¾ partes de su entroncado cuello. La historia fue corta, ella se impresionó, lo mandó a volar y ahora tiene su fobia de cuello.

¿Y los dientes? Muchos agradecerán a sus padres la insistencia en el uso de la ortodoncia, y los que no, sufrirán el embate del dedo acusador: "Ese tiene dientes de cuchillo", "Aquella tiene dientes de caballo", "Oh no, esa niña usa frenos", "Tiene la dentadura torcida"; y lo peor "a ese/a le FALTA UN DIENTE, y en la parte de adelante!!!!". También varios de los fumadores están condenados, con su dentadura perfectamente amarillenta, u oscura, sumado a la sensación de estar chupando un cenicero que se genera en el momento del beso, que a más de una/o le da escalofríos.

Siguiendo con las partes del cuerpo, podemos nombrar al fóbico nº 2, que tiene una fijación especial con las manos: que si son cadavéricas, que si son “firmes” (¿?), que si tiene dedos de "molusco", que su suavidad, que si los dedos son de morcilla, que si son cortos, o muy largos, su femineidad, etc. Como sea, el tema es que si una mujer no cumple con los requisitos manuales que él pretende, se acaba todo.

Bajando por la estructura corporal, llegamos al conocido fetiche de los pies: Hay hombres que desesperan por unas buenas plantas, hay mujeres a las que se les revuelve el estómago de que se las toquen. Están los juanetes, los dedos largos, los pelos, el pie de 2 metros, el chiquito, el deforme, el de las uñas acanaladas, el que está lleno de hongos, el que le faltan uñas, el de piel dura a lo roca, el femenino con las uñas y su francesita. Como verán, los hay de todas formas y colores, y tanto hombres como mujeres se fijan en ello y dan su veredicto final.

“El hombre, como el mono, cuanto más peludo, más hermoso”, así reza la frase, pero no es ley. Convengamos en que el macho promedio detesta a la mujer con el síndrome de Chewbacca, las prefieren bien desprovistas de pelos y lo más semejante a una niña virginal. En el caso nuestro, donde el hombre no tiene la obligación social de depilarse, las opiniones son dispares: Muchas sostienen que es signo de virilidad el estar cubierto de bellos, pero otras los prefieren lampiños, y ahí comienza la cuestión porque en cuanto se encuentran con una mata de pelos simplemente huyen despavoridas y si te he visto, no me acuerdo.

Y la calvicie… tema escabroso si los hay… ¿Por qué? Porque la pelada es como los hongos, no está, y creés que jamás llegará, pero de repente aparece y cuando te das cuenta ya es tarde. Hay mujeres que mueren por un pelado sexy, claro, pero que sea un calvo trucho, que se deja de afeitar y le crece el pelo, cual Loco López. El tema es cuando la pista de aterrizaje de Anillaco es un hecho y no hay forma de revertirla, cuando vas en busca de la selva amazónica y lo único que encontrás es el desierto del Sahara. Esas tierras áridas nunca volverán a ser fértiles, y eso para varias mujeres es determinante; si el tipo es dolape, en muchos casos, no chance.

Como broche final, el must wanted de las mutaciones debe ser nombrado, que viene en composé y refiere a la fobia masculina más común y conocida: El capot y el baúl. Si el capot es pequeño las cosas se nos complican, porque es como que el tipo pierde parte de la líbido. A veces este detalle se compensa con el baúl, que es alto e imponente, entonces el muchacho cree que hay una armonía compensatoria. ¿Y cuando somos como una especie de Topolino?, chicas, ahí sí que estamos en el horno, no queda más que desarrollar nuestro lado intelectual y rogar que con eso le baste. Sino la otra opción, la cirugía, algunas ya la han implementado y dicen que sus efectos son maravillosos.

Sí, los hombres y las mujeres en muchos casos parecemos mutantes, y no es algo netamente corporal. Fobias hay más, no alcazaría este humilde espacio para expresarlas; lo importante es poder reírse de los defectos de cada uno y tomarlos con la mayor alegría posible. Y vos, ¿Qué fobia tenés?

1 de junio de 2006

SUBANESTRUJENBAJEN

Ya que todos hablan del mundial, aquí no vamos a dejar de hacerlo, pero no desde la óptica de si Pekerman pone a Abbondanzieri de titular, sino desde como nos revienta a las mujeres la boludización del hombre con el fútbol, y sobre todo de cara al mundial.

El fútbol, tomando al deporte más popular entre las preferencias masculinas, produce en ellos un estado de estupidización considerable. Los ves agrupados frente a las pantallas de las vidrieras de locales de electrodomésticos, dejando su baba frente al vidrio, gritando los goles como si estuvieran en la cancha, y vos, una humilde peatona que tiene la desgracia de pasar justo por ahí, casi salís despedida cual onda expansiva de una bomba.

No sabés por qué mandato divino ocurre esto, pero intentás comprenderlo. El hombre mira un partido y no se le puede decir nada, es “su” momento, como la mujer tiene el suyo cuando compra ropa, salvo que nosotras pretendemos que él participe activamente de tal evento. “Mi amor, qué vamos a cenar?”, pregunta tímidamente la chica; “YO QUE SEEEEEEEE, ESTOY MIRANDO EL PARTIDOOOOO, NO PODÉS ESPERAR AL ENTRETIEMPO?????!!!!!!”, gruñe él (y encima durante el entretiempo quiere ver la repetición de las jugadas y tampoco te da pelota). No sabés si es tu amorcito, aquel que el día anterior te había dado una jornada increíble de romanticismo o si te lo habían cambiado por el increíble Hulk y no te diste cuenta.

Es en ese momento cuando se hacen presentes la frustración, la ira, la congoja y demás sentimientos que genera el fútbol en la mujer. Padecimiento que se ve agravado una vez cada cuatro años cuando llega el mundial y sus maravillosas implicancias: el macho de turno ya está desempolvando su remera de la selección, su bandera para el balcón y hace un mes que arregló con sus amigotes para juntarse a ver los partidos y dejarte plantada como a un árbol bicentenario.

Él ya tiene su fixture en la billetera (desplazando así tu foto), te cuenta de la importancia de la ubicación estratégica de Tévez en la cancha, y vos lo mirás y sólo pensás en lo feo que es ese jugador y en las ganas de mudarte a otra galaxia que te invaden. Entonces preferís mirar la tele un rato, pero en cada canal que pasás en tu zapping hay publicidades sobre el mundial, caés en el noticiero y está “Don Niembra” contando su felicidad por irse a cubrir dicho evento. Acto seguido muestran a los hinchas argentinos recibiendo a la selección nacional en la ciudad alemana de Herzoge@%#!& (y que te recontra por las dudas) y se viene el comentario de la elección de los jugadores, los que van al banco, y vos ya estás re podrida de todo.

Finalmente pensás que si no puedes contra ellos, hay que unírseles, y organizás con tus amigas la comilona del mundial, donde se juntan todas no justamente a ver los partidos de Argentina, sino los de Inglaterra, donde están los mejores exponentes de la belleza futbolística. Y recorren con mucha alegría los primeros planos de Beckham y Owen, y piensan por qué nuestra autóctona selección nos da bagayos tales como Tévez, Riquelme y Crespo, entre otros.

En definitiva terminás cayendo en las redes del mundial, un poco para acompañar a tu chico, otro poco para sumarte al sentimiento nacionalista del fútbol; y además, admitámoslo, a medida que la selección va ascendiendo posiciones nos vamos motivando más y culminamos cual hombre promedio: gritando los goles como unas descosidas, con nuestra bandera argentina de poncho y cantando “Vamos vamos, Argentina”...

23 de mayo de 2006

POKEHOMBRES

¿Recuerdan los dibujitos Pokémon? Estaban quienes los seguían religiosamente y los que los ligaban de rebote por algún infante en la familia, que venía ansioso a mostrar a esos pseudo animales simpáticos, que eran incontables y te mareaban con tantos nombres extraños.

Brevemente explicaré, como para orientar a los que no tienen idea de lo que estoy escribiendo, cómo funcionan los pokemones para luego llegar a la analogía que voy a tratar en el post que nos convoca: Los Pokémones son cientos de especies diferentes de “animalitos” que se caracterizan por tener diferentes aptitudes, y que a medida que alcanzan metas, previo entrenamiento, evolucionan en una especie superior. Ahora sí, con nuestra cuota de manga – animé cubierta, pasemos a lo que realmente importa.

A medida que pasa la vida, que vamos experimentando citas y citas, y además recolectamos experiencias de nuestras pares, llegamos a un punto en que creamos ciertos perfiles de muchachos que pueden tocarnos en un futuro encuentro. Así surge este compendio de los Pokehombres, que al igual que los Pokémones, son un centenar de especies que con un poco de “entrenamiento” pueden evolucionar a algo mejor.

BAGAYO. Sí, no es Tom Cruise, es un cuco, pero le pone tantas pilas… Justamente porque sabe que no es un potrazo no le quedó más remedio que resaltar todas sus bondades, y a vos te encanta. El tema es cuando se va el enamoramiento inicial y lo empezás a mirar detenidamente. A algunas no les importa, a otras les pesa y terminan mandándolo a volar.

CHAMUYERO. Si hay algo que destacar de los chamuyeros es su alto contenido de creatividad. Inventan las historias más fantásticas que puedas imaginar para justificar sus actos. El problema es que te das cuenta que miente, entonces sólo te limitás a escucharlo y asentir la sarta de pavadas que dice, mientras pensás “cuándo se dará cuenta este salame que no son creíbles sus palabras”. También están los chamuyeros encubiertos, que están tan entrenados en el arte de la mentira que la hacen muy veraz; esos sí son peligrosos.

DESPISTADO. Esta especie es una de las peores, porque roza el desinterés. No te llama seguido, su vida es un caos de horarios, se olvida las fechas importantes, te cuelga en una salida porque se olvidó que tenía otra cosa que hacer y para rematar es impuntual. Inicialmente parece que no le importás, pero con el tiempo te das cuenta que con los demás es cien veces peor. El inconveniente con el despistado es que si sos una mujer muy metódica puede enloquecerte hasta la médula y hacer que vivas un calvario.

DON JUAN. Sabés por tus amigos o conocidos que tuvo quinientas mil minas, o él mismo se encarga de comunicártelo y de agregar que quiere recomponer su vida con UNA (¿?) sola mujer. Tiene calculados todos los rituales de la seducción para garantizarse que vas a caer rendida a sus pies, y aunque sabés internamente que está repitiendo una fórmula con vos, es tan efectivo que terminás cayendo. Pero llega un momento en que la vida te cachetea, y por fin podés zafar de sus redes, el tema es que no sea demasiado tarde.

EGÓLATRA. Yo, yo y yo. Habla toda la salida de él, de lo capo que es, de sus logros, de sus metas, de sus ambiciones y de cómo te pasa el trapo en todos los ámbitos. Te tiene seca, lo dejás que hable como un loro y no ves la hora de irte a tu casa porque en el tiempo que duró la salida no pudiste meter un bocadillo. Eso sí, cuando necesita tomar un vaso de agua para aplacar la sequedad de su garganta (de tanto hablar), te deja emitir algunas palabras a modo de “entretiempo”.

EXPRESIVO. Habla a morir y te dice todo lo que se le pasa por la cabeza. No mide ni una de sus palabras, pasando de ser espontáneo a desubicado. Si hace un tiempito que salen, rápidamente te dice que te quiere, que vayan a los yuyos, que tu ropa interior es un fiasco o que está buena, deja abierta la puerta del baño; y si le das un poco más de confianza empieza a eructar y tirarse vientos delante tuyo. Lo negativo es cuando, además de estos “detalles”, habla demasiado y actúa poco. Lo positivo es que, si te bancás todo lo anterior, te hace sentir bien porque te dice si estás linda, te expresa todo lo que te quiere, y no está tan mal ¿no?.

LÁPIDA. A veces te gustaría picarlo con una ramita a ver si vive, porque se queda inerte, casi no habla y te mira con cara de perro mientras hacés el monólogo de tu vida. La primera vez pensaste que no le gustaste, pero el tipo te sigue llamando; y si volviste a salir, comprobás que él es así de amargo. Es como si fuera un muñeco de cera, inanimado, que le sacás las cosas con tirabuzón. Pero así es feliz, vos complementás ese lado expresivo que él no tiene, y con eso le basta. Hay que ver si a vos te rinde ese sistema…

MACHISTA. No quiere que la mujer trabaje, y lo primero que te pregunta es si sabés cocinar y querés tener hijos. Ama de casa a pleno para él, mujer sumisa y relegada a las tareas domésticas es lo que quiere, y no le importa comunicártelo porque sabe bien hacia donde va y a quién necesita a su lado. Te dice que el sexo femenino es frágil e ingenuo, sí, en tu cara, y te redime a lo mínimo por tu condición de mujer. Por lo menos es sincero, peor sería que lo descubras una vez que puso el anillo y firmó la libreta.

MAMERO. “Nadie se atreva, a tocar a mi vieja”… Obviamente vive con mamá, y si no lo hace, la visita a menudo, porque ella le cocina, le lava la ropita, todavía le compra los calzones, le revisa el placard, sabe todo sobre ustedes y lo llama al celular para saber a qué hora vuelve para ver si prepara la cena o si se la deja en la heladera. La traslada de acá para allá, y si ya están en pareja, la incluye en los proyectos como si fuese un integrante más. Finalmente si no corta el cordón umbilical, vos terminás cortándolo a él, tres es multitud.

NARCISO / METRO – HOMO SEXUAL (¿?). Te asombra el buen gusto que tiene para vestirse, que sabe de moda más que vos, que va al shopping, que se compra cremas corporales carísimas, que van por plena Av. Alvear y estampa la ñata contra la vidriera de “Ermenegildo Zegna”. Tiene el pelo divino, conoce todos los lugares de onda, su auto está pulcro. Pierde horas y horas en arreglarse, y te preguntás ¿Qué onda este tipo, será macho o qué?. Es un gran misterio… sólo el tiempo lo dirá.

PAPURRI. Está bárbaro, seamos sinceras. No podés creer cómo tanta belleza se concentra en una sola persona y lo peor es que él lo sabe, y las que están a su alrededor también… Salís con él, te hace sentir un bagre porque él está buenísimo, y por más que te tires todo el placard encima y te hagas chapa y pintura, no es suficiente para estar a su altura. Las mujeres lo ven pasar y se dislocan el cuello de tanto mirarlo, si vas a un restaurant con camareras el servicio es rapidísimo e insistente. En definitiva lo terminás dejando, porque tanta hermosura te opaca demasiado y los celos te enferman.

SOCIAL / ANTISOCIAL. Las dos caras reunidas en un mismo párrafo, porque son totalmente lo opuesto. El social habla con todo el mundo, apenas conoce a tus amigos ya están como chanchos, a todos le cae bien, es colaborador, se ríe con todos, tu familia lo adora y vos estás feliz; pero ojo, lo hace en todos los ámbitos, entonces te gustaría que con algunas chicas sea un poco “menos social”. Y el antisocial es todo lo contrario, se queda callado, sentado a un costado, la mayoría de las veces con cara de perro que expresa “cuándo nos vamos”; y vos la estás pasando de maravillas y no sabés que hacer con ese clavo. Y tus amigos y familiares no lo pueden ni ver, porque es tan retraído, tan amargo y no saluda a nadie; un gancho.

ROMÁNTICO EMPALAGOSO. Es bien cursi, demasiado para tu gusto. Te regala flores, te escribe poemas, cuando no te los recita en vivo y en directo. Te canta al oído boleros de Manzanero, crea atmósferas propicias para el romance, te lleva a lugares especiales y te mira a los ojos con cara de enamoradísimo total. Y vos, que sos más terrenal, que de tanto azúcar te va agarrar diabetes, ya estás podrida de tanta cursilería y pensás ¿Cuándo dejará este papa frita de recitar poesía e irá a los postres? Nada nos viene bien…

TACAÑO. Qué escabroso el tema de las finanzas… pero lamentablemente está y hay que hablar de él. Antiguamente el caballero se hacía cargo de toda salida que hacía con la dama, pero ahora, en estos tiempos modernos en que la mujer gana su salario, las cosas cambiaron. Y resulta que el tipo gana bien, es más, te refriega en la cara lo adinerado que es, pero a la hora de ponerse, vos, con tu sueldo devaluado y devastado por el machismo y la crisis, terminás pagando más que él, y si te descuidás el pibe ni siquiera deja propina. Y está su contrapartida, el tipo que se pasa en generosidad, que no te deja tocar tu billetera, que sabés que no gana fortuna, y que tiene mil obligaciones monetarias, pero igual se pone, y no tendría por qué hacerlo.

Estas clasificaciones no son privativas, tranquilamente se pueden dar combinaciones (algo que con los pokemones no pasa), pero siempre prevalece un tipo. Y sí, las generalizaciones no son buenas, pero si los hombres lo hacen con nosotras, ¿Por qué no darnos la licencia, esta vez, de hacerlo nosotras con ellos?

14 de mayo de 2006

ESAS NUEVAS RARAS FORMAS DE CONQUISTA MASCULINA

Las primeras citas tienen ese no se qué, que hace que tratemos de sacar lo mejor de nosotros mismos y usar esas cartas que creemos que son 100% efectivas para impresionar al otro. Es así que surge esta recopilación de tácticas aparentemente “infalibles” de automarketing masculino para que una mujer muera ante un hombre y piense que es el Dios del amor.

EL VIAJE. Un alto ejecutivo, que pasó las cuatro décadas hace rato, decidió hacer un viaje al interior. En una de las visitas a la casa de su hermano, una vecina que compartía la reunión con ellos terminó sumándose a la travesía. El hombre en cuestión se encargó de sacar los pasajes, pero oh detalle, para ella pidió el asiento detrás del de él porque según dijo “habla mucho y no la aguanto en todo el camino”. ¿Qué pasó con ellos? Siguen como si nada, parece que su “técnica” de conquista funcionó a las mil maravillas.


EL SEMENTAL ¿SENTIMENTAL?. Este joven tiene una táctica un tanto extraña para cazar a sus presas, que al principio parece efectiva, pero luego decanta. Su argumento era que ya había jodido lo suficiente y que estaba llegando al umbral de los 30, por eso quería una relación formal para establecerse. La propuesta era tentadora, el chico vivía solo, un trabajo estable, el físico acompañaba, pero resulta que todo era de la boca para afuera porque al final mostraba la hilacha. Te colgaba porque había salido hasta tarde con los amigotes, te llamaba a cualquier hora para salir, se tiroteaba a tus amigas al mismo tiempo que a vos, entrabas al msn y se apodaba “El semental” y entre sus fotos encontrabas a chicas en paños menores bajo el título de “Podría ser tu novia, o peor, tu hermana”. Y para rematar, te lo cruzás en un lugar, vas a tomar algo con él y una de tus amigas a la que también se chamuyaba, y les dice: “Tuve una historia con la madrina de mi hermana, ella es una veterana, y bueno, nos lo debíamos”. Sin comentarios…

EL BRINDIS. Otra táctica, que según el macho cambia de variante pero de base es lo mismo, es guardar en el baúl del auto alguna bebida alcohólica, ya sea vino, champagne o similares, junto a dos copitas. Si la cuestión prospera entonces el muchacho comprará unos rolitos por ahí, te llevará a “Villa Cariño” e intentará deslumbrarte con ese brindis a la luz de la luna. Teóricamente esta técnica, dicen ellos, es infalible, pero las chicas opinamos que es de cuarta.

HOY CORTÉ UNA FLOR… La clásica que es de décima, un cliché infaltable: el tipo que compra la rosa putrefacta al pibe de la calle y te la da haciéndose el Arnaldo André… Qué poca creatividad, y lo peor del caso es que se creen que nosotras morimos de amor.

LA SORPRESA. También están los que no se dan cuenta que romper con el factor sorpresa puede ser fulminante. Así tenemos a los que tienen algo para vos y te lo comunican tempranamente: “En el auto te está esperando un ramo de flores”; o llamás a tu chico y le preguntás “¿Dónde estás?” y te dice: “Acá en el shopping, te compré un regalo, un peluche con forma de vaca que le apretás la panza y dice mu, envuelto en papel de…”.

EL RESTAURANTE. Y qué mejor que un tipo que te diga “tengo un lugar para ir a comer…” y vos pensás que es genial un hombre que te sorprenda con la cena. Y remata “Ahí van mis viejos seguido”, y ya empezamos mal, muy mal. Pero bueno, vas… Y cuando llegás está un señor de unos 60 años sentado en una silla de paja con su guitarra criolla, payando sobre lo lindo que es tener tantos comensales en el lugar. Is too much.

EL PUTICLUB. Primera cita, 2 am deambulando por Recoleta buscando un bar donde haya una mesita donde tomar algo, y todo está a full. Pero queda un lugar! y la muchacha atina a decir "Me parece que es un bar de gatos". Pero entraron igual, se acomodaron en una mesa y el panorama fue chicas al estilo Alejandra Pradón devaluadas, con unos viejos gateros sentados en la barra en esa clásica pose de "Vengo a buscar una minina, pero que mi mujer no se entere". Y la chica ahí, en el medio de todos esos carcamanes, que la veían como carne fresca y pensaban "¿Cuánto cobrará esta pendeja?". Los wiskys salían como pan caliente, y ella en el medio de toda esa vorágine de venta corporal, pensando "¿Por qué este pibe me trajo acá?". Vaya uno a saber...

EL BESO. No puede faltar esta variante que seguramente todas hemos vivido, un cliché gastado, que pasa de generación en generación con alguna modificación, que lo ha usado tu abuelo, tu padre, tu primo, tu hermano, y por supuesto uno o varios pibes con los cuales has salido: “¿Me das un beso?”, o “Me muero por robarte un beso”, o “Hace tanta cantidad de tiempo que quiero darte un beso”, o “Te partiría los labios de un beso”, y miles de variantes más que conducen a lo mismo: la falta de creatividad a la hora del momento cúlmine de la salida.

Estas nuevas formas de conquista masculina definitivamente nos descolocan, porque las cosas parecen tan simples y ellos las hacen tan complicadas… nos meten a todas en la misma bolsa, como si fuésemos un tablero de control en el que apretás un botón y la reacción siempre será la misma. Pero no es así, ¿Será mucho pedir un poco de creatividad?.

4 de mayo de 2006

EL SUPLENTE

El amor en algunas cuestiones es como las finanzas: hay épocas de vacas flacas, y otras de plata dulce. Entonces a veces no tenemos nada, nuestra vida parece ajena a los hombres y pensamos que quizás nos volvimos invisibles; y otras, tenemos dos tipos (o más) y no sabemos cómo ubicarlos en el fin de semana.

El inconveniente comienza cuando uno de esos nos gusta más, en realidad nos gusta tanto que automáticamente el otro (o los otros) se convierten en “El Suplente”.




El Titular nos partió la cabeza, no sabemos cómo pero así sucedió; y resulta que pensamos tanto en él, estamos tan pendientes, que todo lo que lo podamos verlo o hablar es poco. Encima te cuelga un fin de semana con alguna excusa poco comprensible, y tu ira es tan grande que enseguida caes en los brazos del Suplente.

Arreglás para salir temprano para tener más tiempo, como lo harías con el Titular, pero la cuestión es que a la media hora querés que se evapore, no lo aguantás, no parás de pensar en lo entretenida que sería la salida si en vez de ese nardo estuviera el Titular. Entonces no sabés de qué disfrazarte, porque todavía tienen entradas para el cine y reservaciones para cenar, y vos quisieras que te pasara un camión por encima y te dejara en estado vegetativo sólo para no tener que verlo más.

Nunca te pareció tan entretenida la opción de quedarte en tu casa viendo una película, no ves la hora de volver y ponerte tu pijama de ositos e irte a dormir a la 1 am. Lo peor es que chapás con el Suplente (como para que no todo esté perdido) y es como besar a un ladrillo, mientras pensás en lo que el Titular estará haciendo en ese momento y te querés tirar del último piso del Empire State.

Como conclusión final, una vez que lograste tomarte un taxi y volver a tu casa, diciéndole al Suplente que no es necesario que te acompañe, pensás qué carajo le viste al zapallo ese, si es un perdedor y es más feo que Jar Jar Binks en tanga.

Quizás ese es el momento de sincerarse y de reconocer que por más que una quiera, un clavo no saca a otro clavo, y que jugar con los sentimientos y el tiempo del Suplente no está bien. Al fin y al cabo, nos guste o no, la elección es clara: el Titular; y hay que ver cómo manejar eso sin utilizar a los demás que no tienen la culpa de que las cosas no funcionen como quisiéramos.